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EL REINO APARTE

by en febrero 25, 2013

Foto Wilben Palacios

POR WILBEN PALACIOS BARRERA

Es una realidad histórica la conveniencia que deviene de enviar a un príncipe a las colonias. Allí lejos del gran reino el príncipe da rienda suelta a sus deseos, sus experimentos, sus pasiones, y claro está, da libertad a su ingenio con la intención de algún día convertirse en Rey.

Este es el caso de muchos municipios en el país, que siguen siendo principados, colonias, burdos experimentos, de quienes ni siquiera siendo príncipes se concentran en tal labor, sino que desean, piensan y actúan como si fuesen reyes. Estos experimentos han pasado en todas las latitudes y en todas las zonas, incluyendo claro está, la capital de nuestro país Colombia.

Hace mucho que todo gobernante local, o príncipe, sueña con ser Rey y su principado se convierte en su experimento, en su trampolín hacia la fama, en el cohete que le transportará al cosmos electoral.

Carecemos de un sentido de compromiso, se han olvidado las palabras de los papás y las mamás quienes decían: “HAGA UNA COSA, TERMÍNELA Y DESPUÉS EMPIECE OTRA”. Es evidente que el riesgo de fracasar en una colonia, en un principado es altamente probable, así como es altamente probable la capacidad de olvido de los “ciudadanos electores”. Tan claro es el juego matemático de posibilidades, que puede usted vivir más de ocho años eligiendo partidos, o representantes de partidos que han demostrado un rotundo fracaso en sus políticas, y persistir en la elección. Es más, se acostumbra la genial maniobra del príncipe de convertirse en un apóstata partidista, para a renglón seguido bautizarse en una nueva fe político electoral.

De hecho, el fracaso del príncipe no necesariamente deviene en una sepultura de las intenciones de ser Rey. Como es sabido, el daño colateral del mal ejercicio del gobierno en la colonia, o de la provincia, no es castigado con reproche electoral, basta solo recordar ejemplos de gobernantes municipales que hasta acudieron a las estrategias circenses de “prender fuego” a los archivos municipales para convertir en ceniza cualquier posible prueba que le incriminase con un mal manejo. O aquellos que son amantes de los medios tecnológicos y se victimizan en todos los espacios posibles, declarando a diestra y siniestra la existencia de “mafias” como las que azotan a Ciudad Gótica o las que azotaron al país del norte entre los años 1920 y 1930 antes de la crisis.

Una de las principales dificultades que enfrenta el párvulo gobernante, es el mantener el poder. En este proceso se acude a una serie de medidas de la más diversa índole. Unas de ellas, la creación precipitada de caos, la división entre clases sociales, el entierro social en la inmundicia, el modelo de persecución y por supuesto la refundación del principado.

El refundar el principado, la “nueva ciudad” y el “nuevo ciudadano” son un viejo matrimonio, que como he dicho, se agazapa en el porcentaje de olvidadizos electores. El elector o el “ciudadano” ante la mención de “nuevo”, de “humano”, de “fraterno”, de “amigo”, de “renovación”, de “pulcritud”, de “no corrupción”, se siente nuevamente una pieza importante del sistema electoral y se deja “seducir” ante el nuevo mundo que reemplaza y mejora al viejo. Esto ya ha pasado desde hace centurias, pero es tan buen argumento que aún se usa y causa efectos paliativos y balsámicos en los “ciudadanos”.

Posiblemente nos enfrentamos en muchos municipios o principados, o colonias, a los neo-príncipes que pretenden el control del poder político a través de la división social, que propugnan por el malestar general para tener en trance al “ciudadano”, que prefieren la guerra a La Paz.

También existen los reyes en el exilio que se resisten a perder el “exiguo” poder en sus manos, se resisten a creer que su hegemonía puede quedar sepultada tras la victoria de la anhelada paz, que nacería de un proceso del que el depuesto rey no participó.

En estos temas parece ser que no hay una conclusión, sino un cúmulo de opiniones casi poéticas, de la situación actual.

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One Comment
  1. Carlos permalink

    Cierto, muy cierto. Tal vez si el poder no fuera tan centralizado los princpes se preocuparian mas por sus burgos, haciendo mas dificil la existencia de un rey. A su vez si los principados no fueran tan grandes el principe seria menos principe, la democracia representativa podria tener un sentido (un gobierno como el de chavez es para mi una democracia representativa donde el unico representante es chavez, y los demas no estamos muy lejos de eso), el pusesto publico seria menos atractivo para el ser hambriento de poder y mas para la persona con vocacion de servicio. Cierto, la acumulacion de poder hace mas posible emprender “grandes” proyectos como piramides, ejercitos inmensos, educar gente dependiente, etc… pero no seria mejor si se valorara a las personas? las capacidades de la persona “pequeña” para tomar desiciones sobre su propia vida y contribuir a la sociedad con su actividad, de una manera libre? que cada uno aporte con su piedra a la construccion de lo que necesita, en donde lo requiere y no a sumarla a una piramide para glorificar al faraon? Por que nos gusta tanto la realeza aun cuando claramente no formamos parte de ella?. Suiza es tal vez el mejor (y uno de poquisimos) ejemplo de un sistema donde la democracia tiene su merito propio y no como mascara de un mundo medieval.

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