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Detroit: El Macondo gringo. Reflexiones sobre decadencia urbana.

by en agosto 27, 2013

DPOR : JORGE EDUARDO CASTRO CORVALÁN

“Cien Años de Soledad” es la novela más importante que se ha escrito en Colombia, lo de si mejor o no es otro debate, pero es evidente su impacto en la cultura universal. Desde sus inicios como un impresionante best seller pasando por su multitud de traducciones y los reconocimientos que se le han hecho tanto a la obra como a su autor,  han demostrado que tanto por estilo como por tema existe una conexión profunda con elementos universales de la humanidad.

Y quizás eso debe por su capacidad para conectarse con la sensación de decadencia urbana que proclama como si fuera un discurso póstumo. Para llegar al momento trágico de la desaparición del pueblo era necesario construir primero un mundo majestuoso de anécdotas y cotidianidades que brillaran con fuerza porque solamente así la sensación final de esa tristeza que provoca la agonía de Macondo logra un nivel parecido a la muerte de un amigo o al fin de un amor maravilloso.

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Esa decadencia urbana que toca las fibras de quienes ven Macondos en los rincones queridos donde nacieron ellos o sus antepasados, es por ejemplo esa Cuba revolucionaria que tanto ha involucrado a García Marquez, llena de nostalgias… y ruinas. De esos Macondos que terminan convertidos en espectáculos de circo a nivel territorial y se aferran, en el mejor de los casos,  de un turismo melancólico con narraciones de grandezas como la de los descendientes nobiliarios que incapaces de repetir las hazañas pasadas asumen que contarlas es lo mismo que lograrlas.

Una decadencia urbana que ha acompañado a la humanidad desde que en una región determinada se olvida que su pasado fue trabajar por el futuro y da por sentado que el presente es un eterno reacomodar lo que ya se hizo. Eso es lo que hace que la historia de impotencia de Macondo se vea reflejada en los escombros de Atenas y en la transformación ridícula de las pirámides de Egipto a escenografía para Facebook.

Por supuesto Macondo es más cercano, porque cuenta historias de tiempos recientes, de la decadencia urbana que se vivió en muchas partes del planeta al perder el rumbo, ese rumbo que permitía que algunos pioneros fundaran poblaciones que con el paso de las décadas terminaran siendo atractivas a la inversión foránea. Que permitía que los nombres “nacionales” se unieran en lides románticas de diferente grado de reputación con los apellidos “extranjeros”… y entre cortejos se polinizaran mentes con nuevos lugares y costumbres.

Macondo recuerda ese maravilloso siglo XIX en dónde la gente se demoraba más en viajar de un lado a otro y por lo tanto era menos global, pero, y quizás por lo mismo, se compartía un espíritu más cosmopolita… no era tanto la cercanía como el deseo de acercamiento. Un tema con el que empieza magistralmente Gabo al trabajar la relación entre José Arcadio, el primero, con Melquiades, el gitano.  Ese tiempo donde la ciencia era una cultura y no un escalafón reglamentado. Cuando era más importante un telescopio que un diploma, un laboratorio aficionado que un papel enmarcado.

Y aunque hay regiones del planeta donde Macondo todavía lucha por ser fiel a lo mejor de sí mismo, hay otras donde se ve el espíritu innombrable apoderarse de un territorio de ensueño. Y pocos lugares tan Macondo como Detroit. La declaratoria de bancarrota fue como el pitazo del último tren. El cierre del telón en tono de tragicomedia de una ciudad que nació como un drama épico de múltiples héroes y aventureros.

En Detroit con los pioneros, con los inventores y emprendedores también llegaron los saqueadores, los que incapaces de crear o atraer riqueza solo saben destruirla o quitarla. Quienes por método promueven el uso de  la fuerza de masas y no la emulación individual. En Macondo se transformó la complicidad cientifica de Jose Arcadio, el primero, y Melquiades, el gitano, por la conspiración sindical entre Jose Arcadio, el segundo, y Lorenzo Gavilán, el mexicano.  Un proceso que llevaba del siglo del individuo, el XIX, al siglo de los colectivos, el XX. Colectivos exacerbados hasta el punto que en forma de discursos nacionalistas rompieron con varias grandes guerras muy calientes y una tediosa guerra fría ese espíritu cosmopolita que había llevado a Macondo incluso putas francesas.

Detroit que experimentó la energía del proceso innovador del automóvil se estancó entre las forzadas pretensiones de quienes ningún valor agregado podrían agregarle a esa industria: los sindicatos y sus representantes máximos: los políticos. Sin embargo, dado que es mucho más difícil quebrantar un territorio que produce carros que a uno que cosecha bananos la enfermedad fue más larga y por lo tanto el cadáver urbano de Detroit es mucho más espeluznante que la tumba caricaturesca de Macondo.

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En Detroit la confusión intelectual promovida por quienes dan por sentado que el futuro de una industria es igual que su pasado llevó a los portadores del virus de la decadencia urbana a usar al estado para enterrar entre subsidios, rescates, regulaciones y tentativas arancelarias todo espíritu empresarial que pudiera estar conectado con el rugido automotriz. En Macondo la cosa fue más burda, sangrienta y rápida… la tierra fértil sembrada con el uso de la fuerza como argumento a través de huelgas, paros y bloqueos encontró en la respuesta del ejército una elocuencia mucho más breve y por lo tanto poderosa.

Detroit cual Macondo gringo pasó de la era de la tecnología, la disciplina científica que permitían y provocaban los nuevos bienes de capital desde los cuales se construía el futuro a la era del populismo rencoroso, el atajo político que ahuyentó la aparición de nuevos bienes de capital y dejó entre grietas y para uso de alimañas los escenarios que alguna vez convocaron a una humanidad mucho más fraterna y cosmopolita en el comercio.

Habría que corregir a García Marquez, los Cien Años de Soledad comenzaron solamente al final. Macondo como Detroit, al principio no estuvieron solos mientras recibieron bien a los que quisieron hacerle compañía.

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From → VIS

One Comment
  1. Que tan lejos está el destino de Bogotá del destino de Macondo, del destino de Detroit? teniendo en cuenta las ultimas alcadias y la actual desgraacidamente no creo que muy lejos!

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